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martes, 11 de septiembre de 2012

EL ODIO DE CLASES


Queridos lectores.
Hace tiempo que quería abordar este tema, y hoy, creo que es el momento adecuado.
Les quiero hablar del odio de clases tan frecuente en nuestra sociedad.
Odio de clases = envidia. España es un País de envidiosos que se multiplica por mucho en algunos de sus territorios. En un estudio sobre la envidia, citan a los catalanes como los inventores de tan nefasto pecado.¡Porque será!.
Bromas aparte vamos a intentar entrar en la materia, de una forma verosímil.

Josefina mi amiga de la infancia, tuvo la suerte de casarse con un estudioso joven, que a base de esfuerzo y trabajo, consiguió crear un pequeña empresa de servicios. Se, porque lo he vivido día a día, que en algunas épocas las han pasado canutas, teniendo que hipotecar su casa y vivir austeramente. El matrimonio unido consiguió que esa pequeña empresa creciera, y al cabo de los años daban trabajo a media docena de personas. En los años siguientes la empresa se amplió, y viendo el éxito logrado, se arriesgaron dando el salto a la construcción. Fundaron una pequeña constructora que se dedicó a realizar casas unifamiliares que tuvieron mucho éxito, y la empresa subió como la espuma. Ganaron mucho dinero, y su status económico mejoró considerablemente. Cómo es lógico se hicieron una magnifica casa, compraron varios vehículos de alta gama, llevaron a sus hijos a mejores colegios, etc.

En mi caso las cosas fueron distintas. Me tuve que enfrentar sola a la vida después de una dura separación que me dejó exhausta en lo personal y en lo económico, y no siendo persona aventurera, opté por prepararme unas oposiciones a la Administración donde desarrollo mi trabajo.
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Mi casa es confortable pero modesta, y mi forma de vida es holgada sin alharacas.
Bien, podia haber envidiado la suerte de mi amiga pero; ¡Jamás! he sentido envidia por las cosas que ella y su marido han conseguido y yo no. Al contrario: me enorgullezco de que hayan llegado tan arriba, y no hayan cambiado en lo esencial. Ellos son felices, y yo también. Lo hemos conseguido por caminos diferentes pero los dos igualmente validos.
Ahora viene la pregunta:
¿Es justo que porque han conseguido triunfar, estén en el punto de mira de todos los resentidos-envidiosos de su entorno? 
¡No!.
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El esfuerzo y la inteligencia deben ser recompensados. Todos los españoles tenemos que tener igualdad de base en nuestro nacimiento. Derecho a la Sanidad, a la Educación, al Trabajo.
Pero una vez que el Estado nos ha dado esas oportunidades, el camino que elijamos es cosa nuestra. Si somos emprendedores y nos arriesgamos, podemos triunfar o fracasar. Pero si logramos lo primero, nadie nos puede criticar por haberlo conseguido.
Así que, menos lamentos y más exigencia al Estado para que aquellos que valgan y quieran, puedan estudiar hasta conseguir sus metas. Ninguna persona debe quedarse sin esta oportunidad por cuestiones económicas. A los vagos paseadores de libros, futuros encabezadores de protestas irrazonables, yo personalmente, no me siento obligada a mantenerlos. Menos envidiar lo que otros hayan consegido con su esfuerzo e inteligencia, y más tesón en conseguir metas propias.
Que tengáis un buen día


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sábado, 26 de noviembre de 2011

NUESTROS MAYORES


Amigos: hoy vamos a tratar un espinoso tema.
Hace mucho tiempo que me propuse abordarlo, pero las últimas circunstancias políticas de nuestro país lo han ido posponiendo.
Hoy vamos a hablar de nuestros mayores:

A mi personalmente, hay dos etapas de la vida de los seres humanos que me sensibilizan y enternecen sobremanera. Una es la infancia y otra la vejez.
Salvo situaciones anómalas (que las hay), a todo el mundo le gustan los niños. Todo el mundo cuida y mima a los menores, sean de su familia o no. Es algo instintivo.
Desgraciadamente ocurre todo lo contrario con los abuelos a los que debemos TODO. ¿Cuantos mayores viven solos y abandonados por sus familias? Lamentablemente hay más de los que nos imaginamos. En las grandes ciudades es frecuente que aparezcan fallecidos en su domicilio. Son los vecinos preocupados al no verlos, los que dan la voz de alarma y avisan a los Cuerpos de Seguridad, que en compañía de los Bomberos, acceden a sus domicilios donde los encuentran caídos, y en el peor de los casos, sin vida.




Se podría pensar que no tienen familia cercana, pero en muchos casos, no es así. La mayoría tienen hijos y nietos, que no se preocupan en absoluto de ellos. 
Hay casos mucho peores en los cuales son maltratados por estos familiares, que los deberían cuidar y proteger.
Algunos son arrojados a primeras horas del día de las casas de sus hijos, y se les prohibe volver hasta determinada hora. Lo hacen sin contemplaciones, y se les ve vagando por los parques toda la mañana. Muchos se refugian en los centros comerciales, resguardándose del frío. Allí pasan el tiempo sentados en un banco y contando sus penas al que quiera oírles.



La administración, que tan alegremente se gasta nuestro dinero en bobadas varias, no prevé buenas residencias y servicios de tutelaje para estas personas. Para acceder a una plaza en una residencia del Estado hay que ser practicamente un indigente. Si los abuelos tienen un pisito a su nombre, ya no tienen derecho a nada. Con sus exiguas pensiones tienen que hacer juegos malabares para llegar a fin de mes. 



A las residencias privadas con sus prohibitivos precios, solo pueden acceder unos pocos privilegiados. 
¿Que hacer con nuestros mayores? Desde mi modesto punto de vista, creo firmemente que los mayores deben ser cuidados por sus familias. Se debe respetar la necesidad del abuelo de vivir en su propia casa, mientras esté capacitado para ello. 


Cuando empeora su situación y salvo situaciones especiales, los hijos deben de asumir su cuidado, compartiendo entre ellos la tarea. El abuelo agradece mucho este esfuerzo y su calidad de vida, mejora considerablemente.

Los mayores se merecen un trato digno, por parte de su familia, y por parte de la Administración. Si la familia no se preocupa de ellos, es el Estado el que tiene que tomar cartas en el asunto. No se debe de inhibir en un tema tan espinoso. Hay Leyes que obligan a la familia a "preocuparse" de sus mayores, pero no se aplican. 
En una sociedad cada vez más envejecida, la Administración tiene la obligación ineludible de abordar este tema, con la máxima eficacia y prontitud.
No es justo que unas personas que están al final de su vida (en muchos casos dura), pasen privaciones y angustias, solo porque en su vejez, se convierten en un estorbo y en una carga para todos.


La crisis que padecemos los está castigando con dureza. Algunos para sobrevivir tienen que hurgar en los cubos de basura de los supermercados de sus barrios. Es una pena. Esta situación nunca debería de haberse dado, pero los gobernantes son muy culpables de que así sea. Nunca se les debería de haber congelado sus pensiones.


No olvidemos, que tarde o temprano todos pasaremos por ese camino. La vejez llega sin que nos demos cuenta. Seamos justos con nuestros mayores. Ellos se lo merecen.
Que paséis un buen día




domingo, 25 de septiembre de 2011

EL ACOSO MORAL EN EL ÁMBITO SOCIAL


FRASE DE ALBERT EINSTEIN



EL ACOSO MORAL: PARTE III

Lola es una señora de mediana edad: no es especialmente guapa, ni alta, ni destaca demasiado en las distancias largas. Pero gana considerablemente en la distancias cortas y con el trato, donde se aprecian sus cualidades. Es sobre todo una buena persona.
Tiene una forma de ser directa, (si tiene que decir algo lo dice a la cara), pero también sabe pedir perdón cuando "mete la pata y se equivoca". Si hay algo que la saca de sus casillas es el mal estilo y la vulgaridad. Detesta el cotilleo y los chismes y es incapaz de pensar mal de las personas que quiere, en suma; rinde culto a la amistad. Se equivoca a veces con las personas a las cuales trata y da, lo mejor de si misma (a veces a quien no se lo merece). En algunos casos gana amigos incondicionales, en la mayoría de las ocasiones se suelen aprovechar de su generosidad y amabilidad. Cuando se da cuenta de que está siendo "utilizada de forma reiterada",corta la relación por muy doloroso que esto sea.


Lola frecuentaba un Centro deportivo desde hacia varios años. Iba varios días a la semana y llamaba la atención su constancia y regularidad. Jamás tuvo un problema con nadie y todo el mundo la respetaba y admiraba por su disciplina y saber estar. 

Brujilda Calamonte, apareció un buen día en el citado Centro. Destacaba por su extrema delgadez y las largas horas que pasaba encaramada en las máquinas aeróbicas sudando y sudando, sin descansar ni un minuto. Era una mujer "rara", con un manifiesto problema de adicción al deporte, pero nadie, ni los entrenadores, eran capaces de hacerla razonar en este apartado, y por intentarlo no quedaba. Lola fue testigo de que algunos quisieron que moderara su esfuerzo, pero ella hacía caso omiso a todos, y seguía haciendo su santa voluntad.


Con el roce y el transcurso de los años, Lola le tomó un gran cariño. Brujilda era bastante lunática y alocada, pero era simpática y cuando quería, y si no se tocaban los temas que eran "Tabú", resultaba agradable y divertida. ¡¡Eso si, había que dejarla que ella hiciera y deshiciera a voluntad, ya que por un medio o por otro, siempre se salía con la suya!!.
Lola la invitó por primera vez a ella, junto a otros conocidos a una comida para celebrar su cumpleaños. Fue el germen de un grupo, que se fue formando con algunos otros conocidos del Centro. 
Al poco tiempo se incorporaron dos amigos llamados Mario y Juan. Ambos eran brillantes y divertidos, especialmente Mario que desprendía luz y gracia. Pronto se añadieron al pequeño grupo, con gran entusiasmo por parte de todos. Se hacían fiestas divertidas en casa de unos u otros, compartían sus experiencias culinarias etc. Fueron unos tiempos felices y divertidos... en apariencia. 


Mario y Lola congeniaron desde el principio, ambos se entendían con solo mirarse. Era una conexión de esas que se dan raramente entre las personas, lo que molestaba considerablemente a Brujilda que envidiaba esta conexión.  Ellos lo veían claramente, pero los dos la querían mucho y se lo pasaban, porque la veían desvalida y con una triste vida personal, en la que ella era incapaz de poner orden.



El grupo se iba incrementando cada vez más de una forma anárquica y a conveniencia de Brujilda. Ella pasaba largas horas en el Centro y a medida que iba conociendo a más gente, los iba incorporando al grupo sin contar con nadie, solo porque a "ella le caían bien". El problema empezó a ser grande, ya que ella imponía su presencia en todos los eventos que se programaban,(no importaba donde fueran   estos), aún siendo en domicilios privados donde tuvieran lugar. Algunos de los nuevos adheridos, se dedicaron con fruición a adular a Brujilda. Le decían a todas horas lo estupenda que era, lo simpática, lo mona y bla,bla,bla. 


Pronto empezaron a surgir los primeros síntomas de envidias y rivalidades. Un individuo que se hacia el guay y el simpático llamado Filemón, a duras penas conseguía disimular la envidia que sentía hacia el guapo y divertido Mario. Este era un triunfador en el amor y en la vida social, todo lo contrario que el envidioso y repelente individuo. Poco después se unieron al grupo, tres mujeres, de diversa procedencia pero con un gran afán de notoriedad, especialmente una de ellas, que se mostró arribista y calculadora, hasta la nausea. Las otras dos no le iban a la zaga. Todas se dedicaron a la adulación y el culto hacia Brujilda, pasando a ser en tiempo récord las "mejores amigas de su vida".



 La situación se iba deteriorando con las nuevas "adquisiciones" de los más variopintos personajes, que pronto formaron el núcleo duro y la corte de la volátil y falsa Brujilda.
Lola, alarmada por el cariz que estaban tomando las cosas, comentó con Brujilda la situación, y trató de que razonara y entendiera que era imposible que funcionara bien un grupo tan heterogéneo, que ya iba por las veinte personas y en el que solo se esforzaban, poniendo su casa para fiestas y comidas, una minoría de tres o cuatro. 


 Brujilda puso el grito en el cielo, clamando como una energúmena, negando el deterioro evidente del grupo y acusando ladinamente a Lola de todo lo malo que estaba pasando, ya que según ella, "todos los demás eran angelicales y maravillosos" ( especialmente Filemón) que era un ser mezquino y envidioso, pero que le hacia la pelota como nadie. La realidad fue que, en cuanto se vio rodeada de aduladores y de pelotas, se sintió dueña de vidas y haciendas, disponiendo y mandando desde lo alto del sillín de una bicicleta y organizando todo a su voluntad. 




Fue a degüello a por Lola, que era la única que se atrevía a cuestionar su liderazgo y sus actuaciones, con una saña y una crueldad jamás vistas, con un empeño y una maldad dignas de una mejor causa. Seguramente su vida hubiera sido mejor y diferente, si el empeño que puso en destrozar a Lola lo hubiera puesto en organizar y cuidar su vida personal.



Mario y Juan vieron las injusticias que se estaban cometiendo con Lola; como Brujilda y sus compinches iban a por ella de una forma descarada y cruel. No había motivo para dicha persecución. Simplemente Lola  se atrevía a contradecirla, brillaba demasiado y su brillo y su valía, quitaban protagonismo y lucían más, que el  brilli-brilli y el falso oropel de cartón piedra, con que la hueca y trastornada mujer adornaba su patética y miserable vida.



 Mario también fue objeto de sus insidias. Él era demasiado bueno y valioso y además se había puesto al lado de lo que era justo. Fue demasiado para ella. Intento sembrar la cizaña entre ellos, pero no lo consiguió. Los difamó, fueron borrados de todos los eventos, se les retiró la palabra por parte de la mayoría de sus adeptos, desaparecieron de la actividad social del grupo: ellos que tanto habían trabajado y luchado por la consolidación del mismo.



Mario, Juan y Lola, pasaron un año terrible, todo el grupo pasó de ellos; gente que días atrás disfrutaban de sus fiestas y comidas, de pronto les negaban el saludo. Nadie movió un dedo para salir en su defensa, todos se portaron como unos miserables asustados, temiendo ser represaliados por la manipuladora Brujilda, a la cuál después no tenían empacho de criticar.




Sobre todo les dolió el pago recibido de Brujilda; una persona a la que ellos tanto habían querido y a la que tanto habían ayudado cuando lo necesitó, en el transcurso de los largos años, y durante sus graves crisis personales.
Pero Dios ayuda a quien se lo merece. Lola aprendió la lección y Mario y Juan también. Su amistad creció y se fortaleció por la experiencia, y quiso el destino que sus verdaderos amigos acudieran en bloque en su apoyo, confortando su corazón y haciendo que el mal trago pasara mucho antes.


Ahora, una vez superado el bache, pueden analizar fríamente lo pasado y hablar de ello sin dolor, y han llegado a la conclusión de que el mal estaba agazapado en un ser vil y vanidoso con apariencia de  "mujer con aspecto oscuro y corazón negro", que los utilizó mientras le convino y cuando se vio rodeada de una pandilla de frikis oportunistas y cobardes, se creyó que "era Dios" y podía hacer y deshacer a su antojo. No contó con la fortaleza de Lola, Mario y Juan y ahí empezó a perder.







AMIGOS: como siempre, esta historia esta basada en hechos reales. Se omiten nombres y lugares, por razones obvias. 
Esta historia ha sido una perfecta operación de acoso moral dirigido por una mala mujer, contra unas personas que siempre fueron buenas y consideradas con ella. Por si sola no lo hubiera podido hacer, para eso contó con la colaboración necesaria del grupo que la rendía pleitesía y al cual manejaba a su conveniencia, en una perversa operación de manipulación de masas, en el que ha demostrado ser una gran experta.


miércoles, 21 de septiembre de 2011

EL ACOSO MORAL Y SEXUAL EN EL ÁMBITO LABORAL





EL ACOSO; PARTE II

Eugenia era una joven preciosa. Era hija de un matrimonio perteneciente a una "familia bien". Su padre era un profesor universitario y ocupaban una buena posición social en aquella España de los años 70. Esta historia transcurrió en una pequeña ciudad de provincias, donde se valoraba tanto, el "tanto tienes tanto vales".
Vivían sin estrecheces y criaban y educaban a sus hijos  en buenos colegios, dándoles todas las oportunidades que entonces se tenían como prioritarias.
Eugenia, la mayor se educó en un colegio de monjas y recibió una esmerada y completa preparación, para lo que supuestamente iba a necesitar en el futuro.





Pero la suerte de la familia se truncó bruscamente con el fallecimiento repentino del padre. Un infarto de miocardio se lo llevó una aciaga mañana de Otoño.
La madre se quedó con un montón de hijos pequeños y ningún ingreso, a excepción de una pequeña pensión, de la noche a la mañana.
Eugenia tenía entonces 19 años y un novio formal de  buena familia, que estudiaba la carrera de abogado en una universidad de Madrid.


Ni por asomo ellas habían pensado que, semejante situación se pudiera dar en sus vidas. Eugenia oía a su madre llorar y lamentarse a todas horas, las reservas económicas fueron menguando y el nivel de vida cayó bruscamente hasta casi rozar la indigencia.
Malvendieron la casa donde vivían y se trasladaron a un barrio periférico, mas económico.
Ni aún así solucionaron la situación. La familia que al principio les había ayudado, poco a poco fue poniendo distancias. No tardaron mucho en verse sin ingresos y sin apenas poder comer.
Eugenia empezó a buscar trabajo aconsejada por una antigua amiga, que veía como sufría y como se hundía la familia.


Dadas las otrora buenas relaciones de la familia con lo mejor de la sociedad, Eugenia encontró trabajo en una joyería muy famosa y antigua donde la clientela era la "creme de la creme". Ella con sus bueno modales y su exquisita educación era idónea para atender a las exigentes clientes. Al principio todo fue inmejorable. Los dueños de la joyería estaban encantados con aquella dependienta tan guapa, fina y educada.
Las ventas iban muy bien y la joyería incrementó sus ganancias considerablemente. Muchos señores iban a comprar joyas a sus esposas personalmente, solo para ver a la "niña de Soriano" y para ser atendidos por ella.


 La dueña del establecimiento estaba casada con un inútil, que no trabajaba ni ejercía actividad alguna. Solo aparecía por el local de vez en cuando para pavonearse y vaciar la caja. Su esposa era la entendida en gemas y había heredado el negocio de su familia. Le aguantaba y mantenía por el que dirán, pero hacia mucho tiempo que el amor había desaparecido entre la pareja.



Andrés, que así se llamaba el marido, cuando vio a Eugenia empezó a visitar el comercio a diario. Se dedicaba más que nada, a decir piropos a la joven y a lanzarle sutiles insinuaciones. La muchacha, estaba a todas horas esquivando sus babosas miradas y lascivas insinuaciones. Como aquella estrategia no daba resultado, empezó a toquetearla en cuanto veía la oportunidad, acorralandola en la trastienda y no dejándola ni un momento en paz.
Eugenia no sabia como frenar aquella situación. Empezó a vestirse como si de una viuda se tratara. Se cubría todo lo que podía, bajó el borde de sus vestidos, dejó de maquillarse y procuraba que su aspecto fuera poco atractivo. Ella se sentía culpable de aquella situación y creía que si iba poco atractiva su jefe dejaría de sentir interés por ella. No sirvió de nada, el individuo acostumbrado a hacer lo que quería no podía soportar que su empleada le dijera "No".Eugenia en su situación no podía dejar el trabajo, ya que era el único ingreso que entraba en su casa y gracias a el, podían subsistir.
Fue decayendo y perdiendo lozanía, apenas dormía, dejó de comer y adelgazó considerablemente.


Un día su jefa la llamó al orden por su desmejorado aspecto, y ella empezó a llorar desconsoladamente. La mujer se alarmó ante aquel estallido y le preguntó si estaba enferma. Eugenia ya no pudo más y de forma vehemente le contó a la mujer lo que ocurría.
Ella, en el primer momento se quedó callada. Sabía que su marido era un vividor y un sinvergüenza, pero ella guardaba las apariencias, que en su escala de valores era básico y fundamental. "Lealtad", le llamaban entonces a esta actitud, que consistía en detestar a la pareja, pero fingir que era maravillosa.
En aquel momento entró Andrés en la Joyería y su mujer le dijo: Mira lo que me cuenta Eugenia, ¿que tienes que decir?; él por supuesto lo negó y le dio la versión contraria " que era ella quien le acosaba a él, bla,bla,bla,bla." La mujer por supuesto no le creyó pero fingió creerle. No despidió a Eugenia en ese momento, ya que no convenía a sus planes, pero a partir de entonces, ambos, cada uno por su cuenta se dedicaron a desprestigiar a la muchacha en cualquier momento y ocasión. Ella contaba como acosaba a su marido, "que era una desvergonzada y una descarada" y que no la echaba a la calle por que le daba pena de su pobre madre.


 Andrés por su parte, contaba las veces que había estado con ella, que era una bomba sexual, etc.
Eugenia quedó desprestigiada en toda la ciudad. Pronto no se hablaba de otra cosa que de su desvergüenza. Su novio que se enteró de los cotilleos, la dejó sin darle ninguna explicación y a los pocos meses, su cabeza hizo cracc.Tuvo que ser ingresada en una clínica psiquiátrica, ya que intentó suicidarse tomando varios frascos de pastillas.



Le salvaron la vida de milagro. Estuvo con una fuerte depresión durante varios meses. Su madre fue la única persona que la creyó y aquella tragedia le sirvió para reaccionar y sacudirse sus propios problemas y darle prioridad a los de su hija. Se puso a trabajar, haciendo repostería y con esfuerzo fue progresando. Montaron un pequeño establecimiento de pastelería que ella misma gestionaba y les fue bien, así fueron saliendo adelante. Eugenia, fue recobrándose. Poco a poco con el apoyo familiar fue mejorando y al cabo de unos meses ya  ayudaba a su madre en el negocio. Al poco tiempo, como el negocio iba bien, montaron otro local y así, su situación fue cambiando y mejorando.


Los joyeros se separaron al poco tiempo. Andrés dejó embarazada a la hija de unos amigos y el escandalo que se ocasionó fue mayúsculo.
Eugenia salió tocada de aquella experiencia. Nunca volvió a ser la misma. Siempre iba vestida de negro y con la falda por debajo de las rodillas. Ni siquiera aquella vestimenta podía ocultar su rutilante belleza. Cuando paseaba por la Gran Vía, todos los ojos se volvían a mirarla.
Cuando ya rebasaba los 30 años, fue cortejada por un señor viudo con varios hijos, que ejercía como catedrático en la universidad. Este señor había sido alumno de su padre. Se casaron y abandonaron la ciudad, sin que nadie, excepto su familia supiera su nuevo destino.
AMIGOS: Esta es una historia real, en la cuál los nombres verdaderos han sido omitidos. Yo personalmente conocí a esta joven y vi como esta situación de acoso destrozó su vida

sábado, 17 de septiembre de 2011

EL ACOSO ESCOLAR = BULLING



Queridos amigos; hoy os voy a hablar de un gravísimo problema, como es el acoso moral= bulling, que se da con más frecuencia de lo que parece en ámbitos escolares, laborales y sociales.
Os voy a contar una historia real:
Esta historia empezó en un pequeño pueblo de una ciudad española.
PARTE I

Ana era una niña bastante feúcha para los cánones que regían por entonces. Estamos hablando de los años 50 del pasado siglo. Era pelirroja y pecosa, delgada y muy tímida. Ya en el colegio su profesora una mujer cruel y malvada la empezó a marginar. Ana no era hija de ninguno de los pudientes del pueblo, sino de una señora viuda con un montón de hijos.
Ana era una niña inteligente y sensible. Tenía unos bellos ojos verdes, que destacaban en su pecosa carita y que le daban un aspecto singular. (En la actualidad estaría considerada como una niña de anuncio), pero en la época de su niñez, estaban de moda las pieles blancas e inmaculadas. 

Era una gran amante de la lectura y a ello se dedicaba siempre que sus obligaciones se lo permitían. Cuando empezó a ir al colegio, su maestra le prestó muy poca atención, pero ella ya sabia leer cuando empezó su vida escolar. Su madre le enseñó en casa y cuando inició las clases destacaba entre todas las niñas de  su edad por este y otros motivos. Era muy observadora y obediente y estaba atenta a toda la clase. Nunca quería faltar, ya que le encantaba aprender.

La cruel maestra se cebaba con ella y con otras niñas parecidas. Esta pérfida mujer solo perdía su tiempo con las niñas ricas que le estaban llevando regalos constantemente.
A la hora de los recreos, Ana y otras niñas se quedaban en una esquina sin participar en los juegos comunes, más que nada para no oír las recriminaciones de su maestra, llamándolas ¡¡TORPES!! ¡¡ALELADAS!! y otras lindezas por el estilo. Este acoso moral y psicológico no se limitaba a ella sola; la cruel maestra también se cebaba con las dos hermanas pequeñas de Ana.

Aquella inquina de la maestra, no quedaba en palabras. Los suspensos y las notas negativas eran frecuentes, aun cuando era una de las alumnas más aventajadas. Todos los años se realizaba un concurso en el que participaban todas las alumnas. Era sobre conocimiento general, dictados, redacciones y diversas materias.

Ana, ganó el primer premio de ese año, con una nota de sobresaliente. Contestó correctamente nueve de las diez preguntas del examen, y sacó la nota más alta de toda la clase.
Llegó el día de la entrega de premios y cuando las tres finalistas subieron al estrado, Ana y su madre, así como el resto de asistentes al acto, comprobaron con estupor como el primer premio, consistente en una Biblia, se lo daban a la hija del alcalde y a Ana, le entregaron un feo y negro rosario que era el segundo premio. La madre de Ana cogió el rosario y se lo devolvió a las autoridades que estaban presidiendo el acto y les dijo; "Quédense con él y dénselo a la hija del alcalde, así tendrá dos premios". Cogió a su hija de la mano y se marcharon del acto.


 
La indignación que sentía la buena señora era tremenda, y empezó a tomar en consideración las quejas de sus hijas a las cuales antes no había prestado mucha atención.
Fue un fraude auspiciado y consentido por los que tenían que dar ejemplo de imparcialidad y justicia.
Los tiempos posteriores a este suceso no fueron fáciles para la niña. Era castigada constantemente sin razón alguna y culpada de todo lo que pasaba en la clase.
 Desde su inocencia, no era capaz de entender que pasaba, solo lo sufría y lloraba.

 Un día vio como una lámina de colores que ella había recibido como regalo le desaparecía de su cartera. A los pocos días y por casualidad la vio en el pupitre de una niña a la cual la maestra tenía como protegida. Ana se fue a la mesa de la profesora y le dijo " Esta niña tiene mi lámina, es un regalo que yo recibí y que me había desaparecido". La maestra por toda respuesta le dio un bofetón, la llamó chismosa y acusica. Luego la dejo castigada de rodillas, de cara a la pared y no la dejo ir a comer a su casa. 

La madre de Ana, alarmada con ésta situación, fue a entrevistarse con la profesora que, de forma cobarde negó los castigos que infligía a sus tres hijas, especialmente a la mayor. Aquella entrevista calmó, momentáneamente a la cruel mujer, pero su inquina larvada permanecía y no perdía ocasión de ridiculizar a las niñas, por cualquier motivo.

Llevó a tal extremo su venganza, que se negó a tramitar unas becas para que pudieran hacer el bachillerato que por entonces se empezaron a dar a los niños, eso sí; siempre eran los maestro y el cura los que proponían a los niños  merecedores a su juicio. Siempre favorecían a los mismos, con una desfachatez que rozaba lo delictivo.


Ana y sus hermanas como se demostró después, eran unas niñas muy inteligentes y responsables; habrían llegado muy lejos, si se les hubiera dado una oportunidad. La malvada maestra no solo les impidió acceder a una educación superior, que sus circunstancias familiares no les permitían, sino que abrió la veda para que el resto de niñas las marginaran y ridiculizaran, durante su vida escolar. No fue hasta bastantes años después cuando en el pueblo se hicieron nuevas escuelas y las dos hermanas de Ana empezaran a ir a ellas, fue cuando la nueva maestra se dio cuenta de la valía de las niñas, las incentivó y empezó a hacer justicia.

Aquel comportamiento de la docente era permitido y aplaudido, por casi todos, como una forma de congraciarse y beneficiarse. Sus hijas eran bien tratadas y no había nadie que alzara la voz por las pequeñas olvidadas. Ella cuando aplicaba un cruel castigo lo llamaba educar.¡¡Mentira!!, era discriminar, marginar, maltratar y sentar las bases para que fueran acosadas y maltratadas por las otras niñas.  El periodo escolar fue un calvario para Ana. Solo su tesón y fuerza de voluntad, sus ansias de aprender, la ayudaron a soportarlo. La vida de  sus hermanitas no fue mucho mejor. Eran de las niñas más valiosas del colegio, pero aquella mala mujer se empeño en hacerlas parecer, torpes y medio idiotas. Como después se ha demostrado a lo largo de los años, todas eran inteligentes, y valiosas.

 La más pequeña pudo realizar estudios supriores ya que su madre, viendo la injusticia cometida con sus niñas, la presentó para una beca, que por supuesto ganó y realizó todo su bachillerato con matrículas de honor y posteriormente una carrera universitaria con los mismos resultados.

Ana creció y se convirtió en una atractiva joven. Siguió estudiando de forma autodidacta, formándose poco a poco. Siempre destacaba, lo que a veces le granjeaba, envidias y rivalidades
Ana y su otra hermana no pudieron seguir estudios superiores, porque la economía familiar no lo permitía, pero posteriormente, las dos hicieron sus bachillerato con un sobresaliente como nota final. Ana se preparó unas oposiciones para un Organismo Oficial que por supuesto sacó a la primera, y a lo largo de su vida dio muestras de una gran valía, ya que era muy versátil y autodidacta.

Mantenía intacta su curiosidad por todo y leía y viajaba.
Siempre mantuvo intacto su interés por aprender, pero jamás pudo olvidar ni perdonar el calvario que en su pueblo las hicieron pasar. Eran inteligentes y guapas, y eso hay gente mezquina que no lo puede tolerar .
La familia abandonó el pueblo y se establecieron en la capital. Siempre tuvieron buenos trabajos y estuvieron bien consideradas, pero a veces se encontraron con personas mezquinas y envidiosas, como aquella malvada mujer que fue su maestra y que marcó sus vidas para siempre.
Queridos lectores: el acoso ha existido siempre, pero ahora tenemos leyes que lo castigan. No permitáis nunca un caso de este tipo. ¡¡Denunciad siempre!!