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viernes, 5 de junio de 2020

IN MEMORIAM


Se han ido en silencio, tal vez demasiado, callados y resignados como vivieron. Hombres y mujeres anónimos, gente obrera, de barrio humilde, llegada de todos los puntos cardinales de España. Ellos formaron el vecindario de lo que fue el antiguo Barrio del Pilar, un barrio de edificios grandes y pisos pequeños, sin zonas verdes, ni líneas de metro o autobuses que facilitaran su acercamiento a otros barrios de Madrid. Ellos fueron los pioneros, los que sólo tenían el microbús M-3 para ir a la Plaza de Callao, un autobús chiquito y amarillo. Entonces no existía la Vaguada, ni la Ciudad de los Periodistas. Cuando ellos vinieron a vivir aquí era como ir al fin del mundo. Pero aquí se quedaron y aquí criaron a sus hijos, y echaron raíces: extremeños, andaluces, castellanos, leoneses, asturianos, gallegos, etcétera. Todos convivieron sin problemas haciendo que el barrio se pareciera un poco a sus pueblos, a sus queridos y, entonces, lejanos terruños. Y ahora se han marchado, se han ido casi por la puerta de atrás, sin que nos enteráramos, aunque sí se nota en el paseo y en los bancos que algo pasa. Ayer supe que la mortandad en nuestro barrio ha sido atroz: diecisiete fallecidos en sólo dos plazas: Verín y Corcubión, ocho en un solo portal de la calle Ponferrada, y así podíamos seguir.
Ya no veremos más a la señora Pepa, ni al señor Francisco, el de la panadería, ni al bonachón de Emilio, que se nos ha ido sólo con 50 años, ni a la recompuesta vecina que era siempre la primera en la peluquería y después, con el buen tiempo, acudía a su cita diaria con sus amigas de tertulia bien guapa y repeinada, o aquella otra que, empujando su andador, avanzaba renqueante hasta su banco favorito donde se sentaba a ver pasar la gente hasta que otra solitaria figura se sentaba a su lado y entonces se sentía menos sola, porque ya tenía con quien hablar. Simplemente iba a eso, a tener contacto con el mundo exterior, porque ese ratico en la calle rompía la monotonía de su vida y le hacía vivir por unos minutos la ilusión de que aún podía gozar de las pequeñas cosas que hacen la vida amable. Y el abuelito de espalda encorvada que se apoyaba en su bastón y, arrastrando los pies, se daba su paseíto, cortito, porque las piernas aguantaban poco. Luego se juntaba con otros jubilados en el solicitado banco de la esquina y charlaban de sus cosas. Y se reían, y contaban chistes mil veces contados, y miraban cuando pasaba una chica guapa y aún les brillaban los ojitos pensando eso que pensamos los mayores cuando nos damos cuenta de cómo pasan los años «¡Quién pudiera volver atrás!»
Y quiero que este obituario sea para todos ellos, para los numerosos vecinos de mi querido Barrio del Pilar, que se han ido sin que podamos consolar a sus familias. Porque como ser humano me aterra pensar cómo habrán sido sus últimos días en la frialdad de un hospital, solos, sin sus familiares, sin sus hijos y nietos. Aterrorizados, aferrándose a la vida que se les escapaba. Y lo hago simplemente porque me duelen sus muertes, y aunque no sepa sus nombres, ellos saben que este homenaje es para ellos, para todos sin excepción, porque todos eran importantes y un día fueron jóvenes y vivieron sus vidas y sus pasiones lo mejor que supieron.
Porque ellos fueron seres magníficos, valientes, importantes en su entorno, pedazos de humanidad, puñados de risas, personas serias y trabajadoras, con su puntito de locura, la dulzura personificada con sus nietos, el motor de su vejez. Esos eran ellos, personas importantes, a veces niños, a veces pasión, a veces libertad, otras espacios infinitos, pero sobre todo, seres entrañables a los cuales siempre tendremos presentes. Porque algún día seremos como ellos y comprenderemos sus limitaciones, sus enfados, sus preocupaciones y cuando nos miremos en el espejo no nos veremos a nosotros, sino a ellos, a nuestros magníficos abuelos, nuestros muertos del Barrio del Pilar. Descansen en Paz.
Ana Molina: escritora
05/05/2020

jueves, 23 de mayo de 2019

Madrid, Madrid, Madrid.


 

Quién iba a pensar que una niña de provincias, nacida en la tierra de la Alhambra, cobijada por los Montes de la Hoz y arrullada por el Río Velillos, una niña de pueblo, sin bagaje cultural, pero con unas ganas tremendas de comerse el mundo, enamorada de su tierra, de sus olores, de su cielo estrellado, de los perfumes de azahar y jazmín, acostumbrada a pasear por los jardines del Generalife, de pasar las tardes de domingo a orillas del Río Genil, en las terrazas de Las Titas, un mágico lugar donde se degustaba sangría y “perdices”, que a pesar de su rimbombante nombre, sólo eran patatas asadas aderezadas con sal y pimienta, levantaría el vuelo y dejaría el paraíso para ir a Madrid, una ciudad tan lejana como desconocida.
Madrid, nunca fue mi intención echar raíces en tu suelo, sino volver a la ciudad donde nací y pasé mi primera juventud.
Pero fue pisar tus calles, contemplar tus avenidas, tus bulevares, tus museos, y sentirme atrapada por esa magia que desprendes y sentir que había encontrado mi lugar en el mundo. Fue una noche de Noviembre cuando me enamoré de ti con un amor apasionado que aún perdura. Un amor que ha superado épocas difíciles en las que llegué a creer que nuestro idilio había acabado. Pero no, porque siempre que viajo vuelvo a ti convencida de que nuestro amor es indestructible, porque somos una pareja de enamorados que a veces no se soportan, pero que no pueden vivir el uno sin el otro. Fue en Gran Vía esquina con Alcalá donde se produjo el flechazo. Estaba cerca la Navidad y las luces te engalanaban. Cibeles y su vecina, la Puerta de Alcalá, el Palacio de Linares, pleno de hechizos y de fantasmas, el Palacio de Correos, todo refulgía con el esplendor que tu coqueta hermosura y tus hechuras de don Juan, acostumbrado a conquistar, lucía para la ocasión. Luego quise conocerte más y me fui a la Plaza Mayor para contemplar a los turistas con las bocas abiertas, admirando tu poderío. Recorrí tus calles y plazas, comí bocadillos de calamares, churros y chocolate en San Ginés y me extasié paseando por el Retiro, el parque más bonito de Europa, y viví las tardes del Café Gijón, con sus escritores y actores, bohemia pura de una época que se fue. Y aquí sigo, después de tantos años, convencida de que no hay otra ciudad como tú a la que yo, y porque me ha dado la gana, he querido dar el título de galán.
Ana Molina
06/05/2019

viernes, 24 de febrero de 2012

MI HERMANO MAYOR


Se ha ido mi hermano mayor. Ese hermano que nos hizo de padre, cuando la fatalidad se llevó a nuestro progenitor.
Se ha ido mi hermano mayor y nosotros su familia, nos hemos quedado sin su sombra protectora.

Se ha ido mi hermano mayor, un hombre esencialmente bueno, un hijo maravilloso, y un hermano insuperable.
 Se ha ido mi hermano mayor, cuando su agotado corazón se cansó de latir y de soportar la adversidad.

Se ha ido mi hermano mayor de una forma prematura,
exhausto por las duras pruebas que el destino le deparó.
Se ha ido mi hermano mayor, un hombre bueno, honesto, responsable, generoso...

Un hombre que fue capaz de olvidar sus propios problemas de salud, para cuidar de su esposa cuando el Alzheimer la dejó sin recuerdos, convertida en una niña pequeña.

Él, de forma generosa, se internó con ella en una residencia para no dejarla sola en manos extrañas. Se convirtió en su lazarillo y  su guía, y de forma milagrosa, la enfermedad se frenó.

 Se ha ido un hombre bueno, y por extraño que parezca, su esposa recobró parte de su perdida lucidez, para darse cuenta que se había quedado sola, y reprocharle que no la hubiera llevado con él.

Se ha ido un hombre tan extraordinario, que no quiso formar una familia propia, hasta que sus hermanos pequeños no estuvieran preparados para salir adelante por si solos.

Se ha ido nuestro hermano mayor, el que cuando mis hermanos y yo éramos chiquitos, ahorraba para poner regalos en nuestros zapatos el día de Reyes Magos.

Era tan especial, que cuando no podía poner regalos esa noche, se inventaba un día de Reyes posterior, y nos contaba que eran regalos del Rey Cojo, que llegaba rezagado porque no podía andar de prisa.

Nuestra infancia la vivimos con dos días de Reyes maravillosos: el día oficial, y el que mi querido hermano se inventó, para que sus hermanitos pequeños, vivieran dos días de ilusión.

Si, se ha ido mi hermano mayor, el que decía a mi madre haciendo especial énfasis "mamá cómprales ropa a las niñas, que vayan siempre como las mejores".

Si, se ha ido mi hermano mayor, con la fotografía de mi madre entre sus manos a reunirse con ella.

Se ha ido para siempre, pero yo estoy segura que allá en el cielo, él, seguirá velando por "sus niñas", por sus hermanas pequeñas, por su hermano y por toda su familia.



FIN

sábado, 7 de enero de 2012

LOS EMIGRANTES.- QUIZÁ NO SEPAN....



Hola amigos: 

Hoy voy a rendir homenaje, y dedicar un recuerdo emocionado a nuestros emigrantes.

Quizá muchos no sepan.-Que no hace tanto tiempo, muchos españoles tuvieron que abandonar su tierra, su familia, y sus costumbres, para buscar trabajo y un futuro mejor en algún país europeo.


Quizá muchos no sepan.-  Que fueron cientos de miles de jóvenes sin futuro y sin esperanza, los que viajaron a países desconocidos con idiomas diferentes, costumbres diferentes, y sistemas de trabajo y vida diferentes. Lo hacían obligados por la necesidad y la miseria. Muchos eran campesinos sin ninguna formación ni preparación y con poca o nula cultura, a los cuales les fue tremendamente difícil adaptarse, sobre todo al idioma. Les tocó hacer los peores trabajos, y fueron ellos, a base de esfuerzo y de méritos los que deshicieron el mito del "español vago", que era lo que pensaban en estos países de todos los españoles.




Quizá muchos no sepan.-Que ellos fueron una gran fuente de divisas para una España aislada y castigada por el resto del mundo que, "castigaba al Dictador Franco" en la piel de los españoles. 


Quizá muchos no sepan .-Que en aquella España atrasada y oscura de los años sesenta, era casi imposible pensar en salir al extranjero: Francia, que ahora nos parece tan cercana, entonces estaba lejísimos. Un emigrante andaluz tardaba tres días en desplazarse desde un país a otro en trenes lentos e incómodos. Lo del avión era impensable; un billete valía una fortuna y por supuesto estaba fuera del alcance de aquellos humildes trabajadores, que malvivían en barracones que las metalurgias y grandes fundiciones les habilitaban como viviendas. Allí muchos aguantaron, ahorrando hasta el último franco o marco, para volver lo antes posible a la ingrata España que tan mal cuida a sus hijos.



 Quizá muchos no sepan.- Que gracias a ellos muchas familias pudieron salir adelante, comprarse una vivienda, pagar estudios a sus hijos, y mejorar significativamente las vidas de sus allegados.

Quizá muchos no sepan.- Que gracias a ellos, España dio un salto cualitativo y cuantitativo en su economía y una floreciente clase media apareció progresivamente en aquella triste y atrasada Nación.

Quizá muchos no sepan.-Que muchos no pudieron regresar como era su deseo. Algunos se quedaron atrapados por las circunstancias en una cultura y un país que no era el suyo, soñando con su sol, su comida, sus familias y su cultura.

Quizá muchos no sepan .- Que aun hoy día, después de cincuenta años fuera, algunos de ellos lloran de tristeza por la lejanía, sabiendo que ya nunca podrán volver.

Quizá algunos no sepan.- Que la mayoría han intentado transmitir a sus hijos y nietos, su amor por una Patria ingrata, y han conseguido mantener intactas sus costumbres dentro de su ámbito familiar, negándose tozudamente a perderlas, a pesar de las dificultades que encuentran para poder mantenerlas vivas.




Quizá no sepan tantas cosas.......



Unas nuevas generaciones de españoles, bien preparadas, profesionales de todas las ramas, salen hoy de nuestras Universidades y se encuentran con un incierto futuro. 

Algunos no se lo piensan mucho, y salen al extranjero en busca de una oportunidad que la situación actual de nuestro País les niega.
Son los nuevos emigrantes. ¡Pero que diferencia afortunadamente!. Ellos dominan idiomas y van en unas condiciones inmejorables para labrarse un futuro en el exterior. 

Las comunicaciones a través de las nuevas tecnologías y las facilidades en los desplazamientos, les permiten mantener el contacto con sus familias y sus amigos. No tiene nada que ver una situación con otra, aun cuando sea triste tener que emigrar por falta de oportunidades en tu casa.



Sin tratar de minusvalorar el mérito de los emprendedores y decididos jóvenes que hoy salen al extranjero, rindo un sentido homenaje de reconocimiento y cariño hacia aquellos emigrantes de las décadas de los años 1960-1970, por todo el esfuerzo que hicieron para qué entre otras, mi vida y la de parte de mi familia fuera mejor. Nunca les agradeceré bastante el enorme sacrificio que les costó, cambiando su destino y su cultura, para que las vidas de sus familias fueran diferentes.



En este Nuevo Año que empieza, les deseo todo lo mejor y espero que la situación económica mejore lo suficiente, para que ningún español tenga que salir de su país obligado por las circunstancias.



Desde lo más profundo de mi corazón os deseo a todos un feliz año 2012.



miércoles, 13 de julio de 2011

RECUERDO Y JUSTICIA

Hola amigos.- En la vida de toda persona adulta hay momentos vividos que quedan incrustados en el recuerdo para siempre.
Son tan reales que pasan por nuestra mente como una película. Recordamos cada detalle de ese momento, la ropa que usábamos ese día, lo que comimos, donde estábamos y cualquier otra cosa que aconteciera en esos instantes.
En mi memoria hay varias fechas grabadas a fuego. Por mi edad ya tengo un bagaje de recuerdos y vivencias, más que abundante. Uno de los más estremecedores, junto con mis pérdidas familiares, fue sin duda el 11-M. Ese día yo tenia el día libre y me enteré de los atentados a media mañana. Fue un duro y triste día que nunca olvidaré, pero lo que más impacto emocional causó en mi, fue el secuestro y muerte de Miguel Ángel Blanco.
Ese día yo estaba en Sigüenza con unos familiares. Habíamos ido a conocer la ciudad y ya de regreso hacia Madrid, pusimos la radio del coche justo cuando terminaba el plazo dado por los criminales que lo habían secuestrado. Mi hermana y yo empezamos a rezar en silencio esperando un milagro, pero este no se produjo. A los pocos minutos le encontraron moribundo e intuimos que no había esperanza de que se salvara al oír la gravedad de su estado. Nunca olvidare ese momento. Se grabó con fuego en mi mente y nunca he podido pensar en él o ver una fotografía suya, sin que mis ojos se llenaran de lágrimas.
Cada vez que veo a su asesino, con su chulería y su cara de criminal, en algún juicio, desafiante con el Tribunal que le juzga, sin el menor atisbo de arrepentimiento, siento nauseas, y pido a Dios que nunca pise la calle como hombre libre. Espero JUSTICIA DEL CIELO, porque sé que en la tierra, con estos políticos y estas Leyes, no la habrá.
Siento un profundo desprecio hacia todos los que ese día se alegraron de su muerte, y que ahora y gracias a los políticos y a los Jueces, están instalados en la Instituciones, Ayuntamientos y Diputaciones de Las Vascongadas. No consigo entender como hay personas que justifican una cosa tan atroz.
Desde estas humildes páginas rindo honor a su memoria, a su familia, a todas las Victimas del terrorismo y a sus familias, sin olvidar a José Antonio Ortega Lara.
Mi recuerdo y apoyo para todos vosotros, hoy y siempre
Que tengáis un buen día

miércoles, 29 de junio de 2011

HOMENAJE A MI TÍO

Queridos amigos;  hoy os voy a contar una triste historia:

Francisco Molina Olmos nació el 13-01-1917 en un pueblo perdido de la geografía andaluza. Era el mas pequeño de una familia compuesta por el matrimonio y ocho hijos. Nació cuando su madre ya estaba en la pre-menopausia y nadie le esperaba. No obstante, pronto se convirtió en el centro de la  familia. Sus hermanos le adoraban y sus padres estaban convencidos que Dios les había mandado un Ángel por hijo. Era tal su gracia, su gentileza y su inteligencia, que pronto se hizo una personita muy popular y querida en su pueblo. Era un ser tocado por la "varita mágica de Dios". Poseía todas las virtudes que hacen a un ser "especial".

Tenia 19 años cuando estalló la Guerra Civil Española, y como todos los jóvenes, fue movilizado junto con sus tres hermanos varones. Tres lucharon en el Bando Republicano, no se sabe muy bien si por convicción, o por estar su pueblo bajo la égida de dicho Ejercito Republicano. A lo largo de la contienda los hermanos corrieron suertes dispares. Nos centramos en Francisco y en su hermano Juan, tres años mayor. Juntos lucharon en varios frentes y acabaron en el tristemente famoso Frente del Ebro donde tantos españoles perdieron la vida. Una vez derrotado el Ejercito Republicano, se produjo la debacle y  dispersión de los soldados. Ambos hermanos una vez recibieron la orden de "sálvese quien pueda", decidieron pasar a Francia  pues al haber ostentado graduación militar y cargos políticos, temían ser represaliados si se quedaban en España. Cruzaron los Pirineos en Noviembre de 1938, con la nieve cubriéndoles hasta la cintura. Después de esta penosa travesía por los Pirineos, hecha a pie, sin apenas comida y con su ropa hecha jirones, llegaron a territorio francés, donde nada más pisar suelo francés, les cogían los Gendarmes y como si fueran delincuentes, les confinaban en un campo de internamiento.
Los dos hermanos fueron confinados en el campo de Argeles-sur-Mer. Este campo constaba de varios barracones a la intemperie, sin agua potable, ni las mas mínimas condiciones higiénicas. Apenas les daban de comer ( una lata pequeña de sardinas en conserva al día para dos), nunca les dieron ropa de abrigo, ni tuvieron agua potable. Los internos republicanos españoles en su totalidad, fueron tratados peor quue delincuentes y morían a cientos de inanición, frío y enfermedades. Los franceses les trataron peor que a los perros, nunca se apiadaron de ellos ni mejoraron sus condiciones de vida.
Con esta situación ambos hermanos estuvieron a punto de sucumbir. Juan el mayor, trataba de calmar al joven e impetuoso Francisco, que desesperado, pretendía escaparse de allí a toda costa.


Corría el mes de Mayo de 1940, cuando los alemanes invaden Francia. Ante el temor de que llegaran hasta París, los franceses, empezaron a cavar trincheras y se dedicaron a reclutar mano de obra de voluntarios, para este menester, entre los españoles internados en los campos a los cuales y viendo al enemigo en las puertas de París, recurrieron sin la más mínima vergüenza. Francisco en contra de la opinión de su hermano, se alistó entusiasmado, ya que era la única oportunidad que veía, para salir de Argeles-sur-Mer. Fue así como dejó atrás el campo y a su hermano. Durante un tiempo cavó trincheras en las afueras de París, pero después fue reclutado por la Resistencia Francesa y colaboró con esta organización hasta que fue capturado por los nazis, en una emboscada propiciada por un delator de la propia Organización, que era un colaboracionista.


Fue entregado a la Gestapo, y trasladado prisionero al campo de exterminio de Gusen, filial de Mauthausen y allí permaneció durante un tiempo. Por esas fechas se produjo la famosa entrevista entre el Ministro de Asuntos Exteriores de España, Serrano Suñer y el Ministro de Asuntos Exteriores de Alemania.
Después de dicha entrevista, en la cual el Ministro alemán, preguntó al Ministro español ," ¿ Que hacemos con los republicanos españoles? Serrano Suñer contesto:  Esos no son españoles, haga su excelencia lo que le plazca".

Francisco que hasta entonces había tenido un estatus que le permitía recibir paquetes de ropa y comida a través de la Cruz Roja, vio como su situación cambiaba y era trasladado al campo de exterminio de Mauthausen, donde fue gaseado y cremado en un horno, el día 14-01-1942. Tenia 25 años.
 Esta persona especial que tuvo tan trágico destino, era mi tío, y con este humilde escrito, solo pretendo rendirle un homenaje de respeto, en mi nombre y en el de toda mi familia. Estoy segura que mi madre desde el Cielo, aprueba esta iniciativa. Ella no pasó ni un solo día de su vida, sin recordarlo y llorar por él.

DESCANSE EN PAZ