sábado, 7 de enero de 2012

LOS EMIGRANTES.- QUIZÁ NO SEPAN....



Hola amigos: 

Hoy voy a rendir homenaje, y dedicar un recuerdo emocionado a nuestros emigrantes.

Quizá muchos no sepan.-Que no hace tanto tiempo, muchos españoles tuvieron que abandonar su tierra, su familia, y sus costumbres, para buscar trabajo y un futuro mejor en algún país europeo.


Quizá muchos no sepan.-  Que fueron cientos de miles de jóvenes sin futuro y sin esperanza, los que viajaron a países desconocidos con idiomas diferentes, costumbres diferentes, y sistemas de trabajo y vida diferentes. Lo hacían obligados por la necesidad y la miseria. Muchos eran campesinos sin ninguna formación ni preparación y con poca o nula cultura, a los cuales les fue tremendamente difícil adaptarse, sobre todo al idioma. Les tocó hacer los peores trabajos, y fueron ellos, a base de esfuerzo y de méritos los que deshicieron el mito del "español vago", que era lo que pensaban en estos países de todos los españoles.




Quizá muchos no sepan.-Que ellos fueron una gran fuente de divisas para una España aislada y castigada por el resto del mundo que, "castigaba al Dictador Franco" en la piel de los españoles. 


Quizá muchos no sepan .-Que en aquella España atrasada y oscura de los años sesenta, era casi imposible pensar en salir al extranjero: Francia, que ahora nos parece tan cercana, entonces estaba lejísimos. Un emigrante andaluz tardaba tres días en desplazarse desde un país a otro en trenes lentos e incómodos. Lo del avión era impensable; un billete valía una fortuna y por supuesto estaba fuera del alcance de aquellos humildes trabajadores, que malvivían en barracones que las metalurgias y grandes fundiciones les habilitaban como viviendas. Allí muchos aguantaron, ahorrando hasta el último franco o marco, para volver lo antes posible a la ingrata España que tan mal cuida a sus hijos.



 Quizá muchos no sepan.- Que gracias a ellos muchas familias pudieron salir adelante, comprarse una vivienda, pagar estudios a sus hijos, y mejorar significativamente las vidas de sus allegados.

Quizá muchos no sepan.- Que gracias a ellos, España dio un salto cualitativo y cuantitativo en su economía y una floreciente clase media apareció progresivamente en aquella triste y atrasada Nación.

Quizá muchos no sepan.-Que muchos no pudieron regresar como era su deseo. Algunos se quedaron atrapados por las circunstancias en una cultura y un país que no era el suyo, soñando con su sol, su comida, sus familias y su cultura.

Quizá muchos no sepan .- Que aun hoy día, después de cincuenta años fuera, algunos de ellos lloran de tristeza por la lejanía, sabiendo que ya nunca podrán volver.

Quizá algunos no sepan.- Que la mayoría han intentado transmitir a sus hijos y nietos, su amor por una Patria ingrata, y han conseguido mantener intactas sus costumbres dentro de su ámbito familiar, negándose tozudamente a perderlas, a pesar de las dificultades que encuentran para poder mantenerlas vivas.




Quizá no sepan tantas cosas.......



Unas nuevas generaciones de españoles, bien preparadas, profesionales de todas las ramas, salen hoy de nuestras Universidades y se encuentran con un incierto futuro. 

Algunos no se lo piensan mucho, y salen al extranjero en busca de una oportunidad que la situación actual de nuestro País les niega.
Son los nuevos emigrantes. ¡Pero que diferencia afortunadamente!. Ellos dominan idiomas y van en unas condiciones inmejorables para labrarse un futuro en el exterior. 

Las comunicaciones a través de las nuevas tecnologías y las facilidades en los desplazamientos, les permiten mantener el contacto con sus familias y sus amigos. No tiene nada que ver una situación con otra, aun cuando sea triste tener que emigrar por falta de oportunidades en tu casa.



Sin tratar de minusvalorar el mérito de los emprendedores y decididos jóvenes que hoy salen al extranjero, rindo un sentido homenaje de reconocimiento y cariño hacia aquellos emigrantes de las décadas de los años 1960-1970, por todo el esfuerzo que hicieron para qué entre otras, mi vida y la de parte de mi familia fuera mejor. Nunca les agradeceré bastante el enorme sacrificio que les costó, cambiando su destino y su cultura, para que las vidas de sus familias fueran diferentes.



En este Nuevo Año que empieza, les deseo todo lo mejor y espero que la situación económica mejore lo suficiente, para que ningún español tenga que salir de su país obligado por las circunstancias.



Desde lo más profundo de mi corazón os deseo a todos un feliz año 2012.



martes, 6 de diciembre de 2011

CUENTO DE NAVIDAD




Érase una vez un niño de siete años llamado Mario. Vivía con sus papas en una bonita casa, en la que tenía una preciosa habitación toda llena de  juguetes.
Sus padres y abuelos le adoraban y le colmaban de mimos y regalos. A veces recibía tantos obsequios a la vez, que no sabía cual escoger. Siempre jugaba solo y se  aburría mucho. Tenía muchas cosas, pero no tenía a nadie con quién compartirlas.

Era un buen niño, pero al ser hijo único, se crióó muy mimado y consentido. Sus padres tenían miedos injustificados, y no le estimulaban para que hiciera amistades en el colegio. Poco a poco se fue convirtiendo en un niño solitario y huraño. No sabía compartir las cosas, y esto le granjeo fama de repipi entre sus compañeros.

Mario sufría mucho y mostraba su malestar por la situación, siendo caprichoso y egoísta. Comía mal y desobedecía constantemente a sus padres y profesores, lo que le hacía ser un niño difícil y problemático.
Sus padres ya no sabían que hacer con él. Le castigaban y le levantaban el castigo, en una especie de ritual que siempre empezaba y terminaba de la misma forma.

Un día ya cerca de la Navidad, Mario fue con sus padres a un centro comercial para hacer unas compras. 
Todo estaba precioso lleno de luces y color. Había tiendas llenas de juguetes y se oían villancicos y música maravillosa.
El niño se quedó extasiado contemplando un hermoso árbol navideño todo lleno de adornos. Había tanta gente que costaba acercarse. Poco a poco se fue abriendo paso entre la muchedumbre para acercarse más, perdiendo de vista a sus padres.

Cuando quiso darse cuenta, se encontró perdido y sin saber donde se encontraba. Salió a la calle llamando a sus padres y buscándolos desesperadamente. Era ya noche cerrada y la oscuridad no le dejaba ver nada. Anduvo y anduvo sin rumbo fijo por los alrededores del centro, pero estaba tan aturdido que no se le ocurrió acercarse a los vigilantes. Cuando se dio cuenta de su situación, rompió a llorar amargamente y se acurrucó junto a unos cubos de basura. Tenía mucho frío y mucha hambre, y estaba muy asustado.
A pesar de todo se quedó dormido. Le despertó un ruido próximo, de alguien que hurgaba en los grandes cubos de basura. Intentó esconderse mejor para no ser visto, y sin querer, hizo ruido al tropezar, llamando la atención de las personas que buscaban.



Leandro y su pequeño nieto Pablo, pasaban por una dura situación que les obligaba a buscar alimentos donde podían. El niño había quedado al cargo de su abuelo al morir sus papas en un trágico accidente de trafico, y el pobre hombre, lo cuidaba lo mejor que podía con su escasa pensión.
Todas las noches cuando cerraban los comercios, cogían su carrito y se dedicaban a hurgar entre los desechos, para coger los alimentos que aun podían ser consumidos. Esto les permitía ir subsistiendo con dignidad. Nadie sabía que su situación era tan delicada ya que, Leandro, era un hombre orgulloso y culto y le avergonzaba tener que recurrir a estas prácticas. Su nieto Pablo le adoraba y a pesar de las circunstancias, crecía sano y feliz.

Cuando Leandro vio al pequeño Mario acurrucado tras el cubo, se enterneció y se acercó a él para ayudarle. Le vio tan asustado que se olvido de recoger los alimentos. 
Sin saber por que, a Mario no le asustaba la presencia del anciano. Se dejó coger de la mano y dócilmente les siguió. Una vez en la humilde vivienda de nuestros amigos, el niño entró en calor con un gran vaso de leche y galletas que le supieron a gloria.



Cuando recuperó las fuerzas les contó sus peripecias y les dijo los nombres de sus papas. Leandro pensaba llevarle a su casa al día siguiente muy temprano.
Los dos niños se acostaron en la pequeña cama de Pablo y empezaron a hablar entre ellos. Mario se dio cuenta de que Pablo no tenía más juguetes que un viejo  y destartalado camión al cual le faltaban varias piezas.
Muy intrigado le preguntó si él no recibía regalos. Pablo le dijo que ellos eran pobres y su abuelo no le podía regalar nada.
Aquella noche Mario tuvo una horrible pesadilla en la que pasaba hambre y frío. Fue tan real que se despertó asustado, encontrándose en aquella extraña y humilde casa. Ya no se pudo dormir, y estuvo pensando en todas las cosas que él tenía, y la poca atención que les prestaba.



Su buen corazón le hizo darse cuenta de lo afortunado que era, y empezó a valorar más a su familia y a su cómoda vida. No obstante, envidiaba la alegría de su benefactor y de su nuevo amigo. A pesar de su pobreza ellos eran felices y se conformaban con lo que tenían, no pidiendo más a la vida.
En la oscuridad de la noche tomó la decisión de ser mejor hijo, y no protestar tanto. Aquella experiencia le hizo madurar varios años.
A la mañana siguiente muy temprano Leandro averiguó el domicilio del niño, y se pusieron en camino. Mario iba contento y confiado y cuando vio a sus padres, les besó y abrazó con todas sus fuerzasmientras les contaba su aventura.



Sus padres que habían estado toda la noche buscándolo y muy preocupados, lloraban y reían de alegría. Se habían temido lo peor, y ahora, le habían recuperado.  
Muy emocionados dieron las gracias a Leandro y les invitaron a entrar en su casa. Mario subió a su habitación en compañía de Pablo y le mostró todos sus juguetes. Pablo se quedó asombrado contemplándolos y no dijo nada.  

 Cuando llegó el momento de despedirse, los padres de Mario invitaron a Leandro y a Pablo a pasar la Navidad con ellos.

Muy emocionados los niños empezaron a saltar de alegría. Se habían hecho buenos amigos en poco tiempo y aquella decisión, les hizo muy felices.



Cuando llegó la Nochebuena, Leandro y Pablo, ataviados con sus mejores galas, compartieron mesa con Mario y su familia. A los postres se repartieron los regalos. Estas Navidades Mario pidió en su carta a Papa Noël compartir todo con su amigo Pablo. Fue así como el niño, vio como le colmaban de preciosos regalos y multitud de juguetes. Con los ojos muy abiertos por el asombro, dio las gracias educadamente, dando al mismo tiempo, una gran lección a todos los presentes. Pablo no tenía apenas nada, pero era capaz de repartir amor, y compartir lo poco que poseía. 



Mario cambió desde aquel día, en parte gracias a la benéfica influencia de Pablo, y se convirtió en un niño cariñoso y responsable, educado y gentil. A partir de entonces, ambas familias formaron una sola, y ¡por fin! Mario pudo tener alguien con quien compartir, juegos y aventuras.


Fin

domingo, 27 de noviembre de 2011

LA GRANJA FELIZ; CAP. I


Érase una vez una hermosa granja, situada en un paraje encantador. Estaba rodeada de verdes montañas y surcaba sus tierras un cantarín arroyo. Los dueños de la granja, Perico y Filomena amaban su trabajo y esto se reflejaba en lo cuidada y hermosa que aparecía su propiedad. Todos sus vecinos envidiaban su esplendor, y en privado rechinaban los dientes, ya que ellos eran incapaces de conseguir los mismos resultados.

Perico adoraba a sus gallinas, especialmente a su hermosa gallina ponedora, a la que llamaba Manuela. Con ella tenia una relación especial y el buen hombre, estaba seguro que se comunicaba con ella como si de una persona se tratara.

Manuela era cortejada por un hermoso gallo llamado Rufo. Ella le ponía los ojitos tiernos, cosa que agradaba a Perico pues estaba deseando que hubiera polluelos esa temporada, que alegraran la granja.

Su esposa Filomena detestaba a las aves y amaba tiernamente a su gato Pancho.
El matrimonio mantenía alguna que otra discusión por esta desavenencia. Perico aborrecía al negro y astuto minino, que su esposa tanto amaba. 

No obstante habían llegado a un amistoso acuerdo. Perico se dedicaba a sus aves y Manuela a su gato. 
Este acuerdo había sido posible después de muchas trifulcas entre ambos. El granjero había colocado un enorme cartel a la entrada de la granja que decía así.

En la Granja de Perico no entra pelo, solo picos 

Filomena, y los animales de pelo de la granja hicieron un frente común en contra de Perico, que al final y para evitar conflictos, retiró el cartel.

La misma inquina que sentía el granjero por Pancho le dedicaba el minino. En cuanto podía le ensuciaba sus pertenencias y le hacía todas las trastadas y maldades que a su perversa mente se le ocurrían.
El malvado gato hacia extensible su odio hacia la hermosa pareja formada por Manuela y Rufo.
 

LA GRANJA FELIZ; CAP.II

Berta era una gallina fea y mala. Siempre estaba buscando líos con sus compañeros, y con todos los animales de la granja. No podía soportar la felicidad de los demás. Envidiaba todas las cualidades que ella no poseía. Fingía ser amiga de todos para saber de sus vidas y problemas y así dominar las situaciones.
De esta manera al conocer todos los secretos de sus compañeros podía manipularles fácilmente.Utilizaba el método de alabar a todos de la forma mas descarada y de hacer la pelota con grandes aspavientos: ¡Cocococ, -que lindo plumaje tienes hoy Fulanita!- ¡Que hermosos polluelos Menganita!- y así sucesivamente todos ibas cayendo en sus redes, creyendo que era buena y bondadosa. 

En un principio cuando el granjero la recogió, todas las aves la acogieron con cariño, pero especialmente Manuela que cuando vio su estado la distinguió con su amistad. Cuando Berta llegó a la granja estaba a punto de desfallecer, hambrienta y llena de pequeñas heridas y picotazos de otras aves, daba mucha penita. Ella se aprovecho de la bondad de Manuela, hasta extremos insospechados, comiéndose su comida, quitándole su palo de dormir, y haciéndole múltiples fechorías.




Manuela la había tomado mucho cariño, y su natural bondad la impedía darse cuenta de lo que estaba pasando a sus espaldas. Su carisma y su gentileza innata  le impedían pensar nada malo de sus amigos. De alguna forma ella se negaba a ver maldad en nadie, solo pensaba que eran pequeñas travesuras, sin importancia.
Un día de Primavera llegaron al gallinero dos hermosos palomos blancos, llamados Kuquito y Blanquito, qué venían de muy lejos de una dura travesía. Se detuvieron a reponer fuerzas en el comedero del corral y viendo que había agua y comida en abundancia decidieron quedarse. Pronto se hicieron amigos de Manuela, ya que esta con la amabilidad que la caracterizaba, les acogió con agrado y simpatía.
Berta empezó hacerles zalamerías y a lanzarles piropos de todo tipo, diciéndoles lo guapos y blancos que eran, pero por detrás les criticaba como era su costumbre. Empezó a sembrar cizaña diciendo que eran los niños bonitos de Manuela  y bla,bla,bla..

Tanto Kuquito como Blanquito se hicieron muy amigos de Manuela, y un gran cariño nació entre ellos. Siempre compartían su comida, y juntos picoteaban los insectos de las plantas cuando salían de paseo. Esto dio lugar a que los celos y la envidia de Berta, aumentaran y estuviera a todas horas, cacareando y cacareando, para llamar la atención. 

Entre los compañeros del corral ya había muchos que se habían dado cuenta de la maldad de la gallinácea.
Berta también fingía ser amiga de dos tontorronas gallinas, llamadas Loles y Marujita, a las cuales tenía completamente aducidas con sus babosos halagos, y  qué junto con el gato Pancho formaban la camarilla de amigotes de la plumífera. Entre los cuatro tramaban maldades a escondidas. El día que Manuela se emparejó con su hermoso gallo,"la malvada" se puso verde de la envidia y cuando decidieron formar su nido, ya fue la repera .

LA GRANJA FELIZ; CAP. IV


Manuela y Rufo empollaron amorosamente sus huevos y en el tiempo reglamentario, les nacieron doce pollitos gordos y sanos, que eran la envidia de todo el corral. Manuela había salido del trance un poco débil y Perico la cuidaba y alimentaba con mimo.

Entre ambos había nacido una sincera amistad y se comunicaban muy bien, ya que tenían una forma de ver las cosas muy parecida y esta coincidencia, hacía que buscaran su mutua compañía; estamutua simpatía se unía la facultad de comunicarse verbalmente, cosa insólita, y nunca conocida hasta entonces. Rufo se pavoneaba por el corral con su hermoso y reluciente plumaje, emitiendo su kikirikiiiiiii con más fuerza que nunca, encantado con su Manuela y sus pollitos.


Berta, Loles, y Marujita estaban que trinaba, no podían soportar la felicidad de su eterna rival, y la envidia las carcomía. Mas feas y despeluchadas que nunca, estaban todo el día tramando e ideando maldades que, apenas surtían efecto en Manuela y Rufo, pues ellos, ya estaban al tanto de su ralea y no se separaban de sus hijitos.
A tal punto llegaron sus enfermizos celos, que un día decidieron consultar con una gallina vieja y medio loca llamada Majarona, y con su marido, un gallo viejo y pelón llamado Casimiro que, vivían en un rincón apartado del corral, y eran temidos por todos por su maldad y fama de perversos.
Una vez le explicaron a que habían ido, la vieja gallina cegata, les exigió en pago de sus consejos, la mitad de su comida diaria, y solo entonces, se digno prestarles su atención.
Una vez cerrado el trato, Majarona les aconsejó que, junto con el gato Pancho, le tendieran una trampa a Manuela cuando saliera de paseo con sus hijitos, y que les quitaran a dos de los polluelos mas rollizos. Esto haría llorar de dolor a sus padres y así ellas, vengativas y malvadas, tendrían su revancha.

Muy contentas por el plan, una vez terminó la entrevista, se dirigieron a contárselo al gato que, como siempre, estaba tomando el sol y haciendo el vago. 

Pancho, desde que había sido padre, estaba un poco menos en contacto con las gallinas, su hermosa compañera Mimí le acaparaba casi todo el tiempo. Él, estaba locamente enamorado de ella, pero ella no tanto de él, su zafiedad y malas artes chocaban con la exquisita educación de la bella gatita. Ella intentaba educarle, pero las  malas costumbres, prevalecían a pesar de todo. A sus hijitos no les hacia mucho caso, pero al menos, ya no era tan taimado y sinvergüenza como antes.

 Cuando vio venir a las tres aves, se quedó un poco extrañado de su visita, pero la curiosidad le pudo más y cuando éstas  le contaron los planes, sin pensárselo dos veces, dijo que estaba dispuesto a colaborar.
 Una vez tratados los últimos detalles, se dispusieron a buscar el momento oportuno para ejecutar su plan.
 ¡¡Ah!! pero lo que los malvados no habían previsto era que los palomos, Cuquito y Blanquito, lo habían oído todo desde su palomar y raudos y veloces, se pusieron en contacto con nuestros amigos

LA GRANJA FELIZ; CAP. III

El minino una vez comprobó la nueva situación se retiro muy preocupado. Nunca pudo imaginar que su amo se entendiera y hablara con las aves. ¡Aquello cambiaba la situación!. Se escurrió de forma sigilosa hacia la casa pensando que hacer para frustrar la alianza de su enemigo el granjero, y las gallinas del corral. 

Permaneció dando vueltas a su cabeza y de pronto ¡¡Albricias!!, se le ocurrió recurrir a la granjera, para aprovecharse del cariño que esta le tenia. Muy zalamero al día siguiente, empezó a frotarse contra sus piernas, emitiendo un lastimero marramiauuu. Filomena le hizo unas carantoñas, dándole un poco de comida, pero él muy ladino siguió sobando sus piernas. Muy preocupada, la mujer lo observó y dedujo que estaba en época de formar una familia gatuna.


Esa noche, preparo una suculenta cena y se puso sus mejores galas. Perico cuando la vio, pensó que ya se le había pasado el enfado y se alegró mucho.En el transcurso de la velada estuvo muy simpática y agradable, con su marido y en un momento dado le dijo:- ¿Cariño, no crees que Pancho necesita una compañera?-. El pobre hombre casi se cae de la silla del soponcio. Se quedó momentáneamente sin saber que decir, circunstancia que aprovechó la mujer para contraatacar. -Que si no es bueno que el gatito esté solo, que es una crueldad privarle de una familia. y bla,bla,bla-.

Perico sentía un poco de aturdimiento, y se quedó callado. Su mujer interpretó este silencio como un asentimiento y empezó a besuquearle, dándole las gracias .

Al día siguiente sin perder tiempo, la granjera se dirigió a la granja vecina donde vivía su amiga Felisa, también muy amante de los gatos. Después de los saludos preliminares, le explico el motivo de su visita y le pidió una compañera para Pancho. Felisa era muy poco amiga de dar nada pero cuando Filomena le dijo que a cambio le daría dos gallinas ponedoras, cambió de parecer y le entrego a una preciosa gatita llamada Mimí.


Mimí era muy linda y elegante, una  gata de procedencia sueca. Muy fina y educada. Había sido regalada a la granjera por una sobrina cuando era pequeña. Nadie sabe por que no le caía bien, acaso por su finura y gracia que contrastaba con la tosquedad de Felisa. La linda gatita lo había pasado muy mal, y no lamentó abandonar su hogar para emprender la aventura de emparejarse con Pancho.

Cuando Mimí vio a Pancho por primera vez lo encontró poco atractivo. A pesar de que este intento mostrarse fino y educado, ella percibía su maldad y tuvo un escalofrío cuando le toco una pata.
A pesar de los recelos de Mimí sin más preliminares se celebro la unión de los dos, y al poco tiempo, nacieron dos lindos gatitos a los que llamaron Oscar y Leo.
El granjero estaba muy agobiado con tanto gato en casa, y cada vez pasaba mas tiempo en el gallinero hablando con sus queridas gallinas. Ayudo mucho a Rufo y Manuela que habían construido su nido. Una vez lo hubieron terminado se dispusieron a empollar una  docena de hermosos huevos. Ambos se turnaban en el cuidado de sus futuros polluelos dándoles calorcito y protegiéndoles de los picotazos de la resentida Berta, que siempre andaba rondando por allí.